A pesar de…

Día a día, paso a paso, se ha vuelto mi consigna preferida para reacomodar lo cotidiano a pesar de la realidad. Las noticias pintan desalentadoras, en un escenario impredecible y para nada rutinario, el que nos sigue imponiendo una pandemia, en su versión de segunda, tercera o cuarta ola, dependiendo donde el virus del covid 19 te encuentre arrinconado, copiándose a si mismo y replicando sus cadenas de contagiosidad.

Soy de pensar que cuando no podés contra algo poco venturoso, más vale aliarse con esa adversidad y aprender también a mutar.
Pues bien, me he autoimpuesto entonces una tarea de recopilación de sensaciones, aprendizajes, acciones y pensamientos que -siento personalmente- he aprendido ( y aprehendido ) con la pandemia y seguramente serán de utilidad en el futuro de un mundo que se quebró y cambió de manera inexorable:
-Si bien las rutinas y los planes se dislocaron, sólo lo desconocido nos invita a improvisar, replantear y replantearnos constantemente, siendo esa justamente la esencia de la vitalidad.
-Los hábitos de higiene en espacios públicos y privados tomaron un nuevo brillo, nada más aplicado que lavarse las manos y estornudar sin salpicar.
-Los desplazamientos de humanos ( en sus múltiples modos de transporte ), de manera masiva y acelerada, producen contaminación y degradan el medio ambiente, así que andar lento y tranquilo, sin prisa ni pausa ( tal vez caminar más ) es una buena manera de progresar.
-Las pantallas nos acercan y alejan al mismo tiempo, entonces hay que regular esos momentos de tanta exposición a lo virtual.
-Nuestra casa es un refugio para cuidarnos y valorar.
-La soledad ayuda al autoconocimiento para luego vincularse y conservar el entorno y de los que decidimos amar.
-Todos somos igualmente vulnerables ante las crisis: los niños, los adolescentes, los trabajadores, los de la edad madura y los más experimentados de todos, los del alma joven, los de la ancianidad.
-Hay que vigilar la salud física y mental, como una autoevaluación constante de nuestras defensas y pensamientos. No obstante, ya no se trata de nuestra salud individual sino de la de todos los demás puesto que estamos atados al otro en forma circular y en espiral.
-Las situaciones agobiantes, tristes, abrumadoras, desconcertantes y adversas te obligan a desarrollar la personalidad, el carácter, la fuerza física y emocional, la empatía, la solidaridad, la inteligencia, el pensamiento crítico y positivo, la adaptabilidad, el abandono de lo no necesario ni urgente, la creatividad al extremo, la nutrición del mundo interno como respuesta a lo inconmensurable e insospechado de los momentos difíciles de transitar.
Aprenderemos a saber manejar el sufrimiento, el dolor, la soledad, la enfermedad, la aceptación y la perspectiva, la capacidad de resistir y proyectar, de vislumbrar los sentidos y cultivar el bienestar propio y comunitario, que dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad, a pesar de lo virulento de la realidad…

Ana Claudia Simes

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