Certamen Provincial «Relatos»

«CON AROMA A PRALINÉ». Relato del escritor Oscar Salcito ( Seudónimo: JUAN SALVO II ). Es oriundo de Tanti y ganador del 2° Premio del Certamen Provincial ZELER KRAUT, de Relatos. IV. Edición 2021 «Tributo a Daniel Salzano»

Puede ser una imagen de texto que dice "Certamen Provincial kelut "Relatos" IV Edición 2021 "Tributo a a Daniel Salzano" 1° PREMIO: CARLOS ALBERTO ACOSTA( "CALDO LA REYNA") NI7.912.007 2° PREMIO: OSCAR ΑΝΤΟΝΙΟ SALCITO ("CON AROMA PRALINÉ") 3° PREMIO: ARIEL GUZMAN ("EN EL CENTRO") NI24.614.565 MENCIONES ESPECIALES/ SIN ORDEN DE MÉRITO Alejandra Pereyra Cabeza de Viejo") Marcos Noel Ferro ("La Mujer de Cañada") Jonathan Axel Suárez Descubriendo") Luciana Martín Madres Ituzaingó" Miguel Horacio Lopez das Eiras ("Luis de Tejeda") Felicitaciones y nuestro reconocimiento a todos los participantes."

CON AROMA A PRALINÉ


Seudónimo: JUAN SALVO II


Siento en el interior de mi vientre las cosquillas de los árboles. Siento a esta altura, y
podría decirlo sin reparos, que la ciudad me envuelve. Yo soy por momentos la ciudad.
Transitando sobre praderas de cemento mis huesos se mezclan con el río, que me
alivia de a ratos, hilvanando como tejido las urdimbres de la vida, y del oeste al naciente
penetra en los barrios para acariciar el centro en una de sus caras, suburbano, trayendo
sueños; otras veces pareciera cortarse en hilos de agua que anuncian la sed, y al igual
que en hebras de voz se diluye en sequedades. La ciudad puede arder igual que Roma,
pero él seguiría pasando como una carroza en carnaval.
En un punto de encuentro la serpiente cambia su piel, y el río se funde en
calicantos, instante bendecido por las aguas de La Cañada, que bajan desde el sur, de
donde vienen las lluvias, sendero de agua rodeado de murallas que fueron testigos de
amores, llantos y suicidios.
Bajo la mirada casi fría de los edificios, La Cañada dibuja sobre mi rostro surcos
de memoria, y aparecen como fantasmas virreyes llevando cofres, o las almas de los
quinteros que se extienden al poniente, o algún doctor cruzando alcobas. Dejan ecos de
voces en suspensión escondidas en las arboledas, esas voces, junto a los pájaros, marcan
el ritmo de los días, y es por ellas que suspiro, trasmuto, me convierto en un arlequín en
el proscenio, traspasando sus muros y confundirme entre los seres que la habitan. Salgo
a escena.
Voy caminando en busca de amigos. Jardín Florido, me llaman algunos, y de
repente me chistan, la voz sale desde una esquina de La Cañada, esa voz la reconozco,
Jardín, insiste varias veces. Me doy vuelta y la veo.
—¿Sos vos? —le digo desentendido.
—La misma Papa de Hortensia que viste y calza, ¿o te hacés el tonto?, viejo
pícaro si habrá.
Gira de reojo, escupe bulbos, sangra savia. ¡Miren la papa!, grita al aire de la
noche.
—Te andaba buscando —le comento mientras acomodo la flor del ojal—, hoy es
el baile en Alberdi.
—Si serás picaflor, viejito —Se limpió la nariz con la manga.
—Hay que buscar a los otros, no puede faltar ninguno a la cita —digo por lo
bajo.
—¿Dónde estarán?
—En «La cueva de la Víbora».
—Vamos.
Cruzamos el centro hasta el «Bon Q´ Bon». Se encontraba repleto, y en la
vereda, filosofando como siempre, vimos a nuestros amigos. Nos miraron al llegar y las
farolas de la calle daban un retoque mágico al bar tradicional del cuarteto.
—Que hermoso —acotó La Papa.
—Buenas —dijo Negrazón masticando un pucho.
—Buenas y santas —agregó Chaveta con un porrón en la mano.
—¿No van a venir? —les dije mirando de reojo a Hortensia—. Esta noche hay
bailongo y están convocando a todos.
—Sí, claro que sí, es que a Chaveta lo dejó la novia y trataba de explicarle que la
vida tiene sinsabores.
Chaveta vació de un trago la cerveza y los cuatro bajamos por la avenida Olmos
hasta que se convirtió en Colón. Doblamos por General Paz, topamos con Santa Rosa y
se escuchó el sonido de una guitarra. Era el Chango Rodríguez que cantaba en la
«Pizzería San Luis». Nos asomamos y la puerta parecía trabada, no se podía abrir y
entre mesa y mesa se intercalaban los aplausos. Intentamos entrar pero no pudimos.
—Solo se puede entrar por las páginas del poeta Rudy Catoni —sentenció
Negrazón.
Saludamos al Chango desde los vidrios empañados, con la certeza, quizás, de
que más tarde se fuera para Alberdi.
De pronto, la ciudad se convierte en metáfora, es un puente, un portal, una
máscara de salvación hacia lo infinito, una fantochada de esparto que nos cubre por
entero. El cansancio que se pega, se enclaustra en la mente, y aparecen los espectros,
con niños pidiendo en las esquinas, con parabrisas que se astillan, un ser que no es pero
que estará siempre, prendido al olor del praliné, atormentándose, siguiendo rosas,
espinas y rosas, tratando de salir hacia la otra ciudad, que es la misma, la de los doctores
y claustros, la de las aulas y los shoppings.
Ese viernes por la noche el cielo era rojo. Todo pareció desvanecerse entre las
luces de una ciudad que se despoblaba. Las personas se apuraban para llegar a sus casas
y poder sentir el cobijo de una seguridad. La noche nos envolvió y seguimos nuestro
rumbo.
Volamos por la calle. Los pasos parecían flotar, dejando destellos de arrabal, de
mugre escondida bajo la suela, como despegando escoria del pasado, ya que el pasado
nunca nos deja, está ahí, en la mente, en la tonada, en las plantas del zapato. Pasos de
ayer transformados en viento, viento que trae y lleva historias, palabras dichas en forma
liviana, palabras que llevamos dentro. Portadas de diario: Un hombre atropella a un
linyera, huye, acelera sin detenerse, luego abandona el auto, la escena del crimen, y
renace, se convierte en poeta, que puede ser un nadie y ahora es un linyera más que
devana versos en las esquinas
Nos detenemos pasando La Cañada. Escuchamos murmullos. Un rugido de
voces que aturde, que nace desde abajo, hay bombas de estruendo, pancartas, bombos,
los bombos retumban en la noche, pero parece de día, y está el Hombre de Overol que
nos mira desde una columna de obreros, es el Gringo Tosco, dice Chaveta. Pasa frente a
nosotros cómo no estando, pero está, y ese torbellino de grasa y taller se esfuma por la
avenida, lo va tragando la niebla, y da vueltas, deambula por la ciudad al igual que un
fantasma perdido en la cinta de Moebius.
Vuelve el silencio y seguimos caminando. Somos cuatro sombras que se
mueven, sin darnos cuenta que la ciudad va consumiendo a quienes la habitan. Es una
boa constrictora, primero hipnotiza, luego acecha, después engulle, gira en el caño del
cabaret, seduce con el vino barato de los bodegones, se hunde en las delicias de los
bailes, en las caricias de las putas, en los precios del mercado, para luego tragarlos en
vida, uno a uno, desfilando y bailando la danza de la serpiente.
Repta, como el río repta por los barrios, se esconde en los atrios para aparecer
agazapada, compro y vendo dólares, compro oro, vendo pasta, mucha pasta vendo, te
reprimo, vendo, te vendo y reprimo, así es la ley, la ley de la selva lo afirma, poder, yuta
y jueces, alimentan a la serpiente, la cuidan, la bañan, la soban como soban a los
tranzas, pero ella lo sabe, y algún día puede volverse contra ellos, volverse puños,
revuelta, indignación enlatada, que explotará cada tanto, para luego pasar, como el rio
pasa en las madrugadas.
Una calesita gira sin sortijas. Van en los autitos Juan Filloy y Don Efraín
Bischoff, debaten de a ratos, de a ratos se ríen y nos saludan mientras pasamos, vamos a
la peña de Alberdi, les grito, y consienten que irán luego. Desde los balcones nos tiran
papelitos, dos glicinas tapan la luna que parece jugar a las escondidas, un acordeón
retuerce sus notas desde un conventillo, y las luces de la peña nos atraen cómo néctar y
se filtra la voz del micrófono, es el «Cuarteto Leo», dice Negrazón, y aparecen los
primeros acordes desde la mano de Leonor Marzano, parecen volar sobre el piano, y
nace el Tunga-tunga acompasado, marca un ritmo inconfundible, que se expandirá por
los barrios para no salir jamás.
—¿Es verdad lo que estamos viviendo? —me dice Hortensia desde una emoción
profunda.
—Sí, amiga del alma —digo al tomarla de la mano.
—Pero nosotros no…? —y se quiebra ante la mirada de Negrazón y Chaveta.
—Nunca nos fuimos del todo, nunca, y siempre estamos volviendo.

2 comentarios en “Certamen Provincial «Relatos»

  1. Muchas gracias, Ana Claudia, y agrego Felicitaciones por la página. Muy interesante

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